Ayer estube hablando con él. Una vez le envie por correo mi cuento favorito de cuando era pequeña. Lo quiero escribir aqui para que lo leais. Me encantaba este cuento, tenia unos dibujos preciosos, de mariposas super coloridas, gusanos con gorrita, abejas con zapatillas...
HABIA UNA VEZ UN CARDO
Había una vez un cardo que creció donde empezaba el bosque, en un camino áspero y pedregoso, polvoriento en tiempo seco y fangoso cuando llovia.
Bellos y graciosos seres vivian en aquel bosque, mas nadie amaba al cardo ni nadie le miraba siquiera, ya que no era delicado como la margarita, dorado como el diente de leon, hermoso como la campanilla...
Seguía viviendo en el camino áspero, solo y triste. Los cervatillos pasaban a su lado sin reparar en él y sólo, de cuando en cuando, alguno exclamaba:
-¡Un cardo! ¡Cuidado con sus pinchos!
Y es que el pore cardo no podía evitar el tener pinchos. Sabía que no le quería nadie, que nadie le miraba. Sabía que no era delicado como la margarita, dorado como el diente de león, bello como la campanilla...
Crecía en un camino árido, siempre solo y triste. Los cervatillos pasaban junto a él sin detenerse. Un dia nuestro cardo divisó a una oveja que venía paciendo, comiendo vorazmente todo lo que encontraba en su camino.
-Ay de mi!-exclamo el cardo horrorizado-. ¡Me devorará!
Pero la oveja reparó en sus pinchos y no le toco siquiera.
Si; los pinchos le salvaron la vida, pero ¡ay!, él no era tan delicado como la margarita, tan dorado como el diente de león, tan hermoso como la campanilla...¡Nadie le queria! ¡Nadie le miraba!
El humilde cardo vivía solo y triste, muy cerca del bosque, en un camino áspero. Los cervatillos pasaban a su lado sin mirarle y una oveja no se lo comió por temor a sus pinchos. Aquella mañana misma, un enjambre de abejas salieron zumbando del bosque y el cardo levanto la cabeza esperanzado...¡Queria enseñarles un pequeño brote purpúreo que habia notado en su corazón con el primer rayo del sol...!
Pero las abejas vieron sus pinchos y se dirigieron al prado, lleno de olorosas flores.
El cardo no podia evitar sus pinchos...¡Era verdad! No era tan delicado como la margarita, tan dorado como el diente de león, tan hermoso como la campaniñña...Nadie le queria, nadie le miraba...
Vivía cerca del bosque, en un camino árido y áspero, solo y triste...La llubia habia enfangado el camino y las ruedas de un carro le habian salpicado de barro.
-¡Deja caer las gotas de tus hojas sobre mí!-pidio el cardo a un centenario roble-.¡Bañame!
-¡Bah! ¡Tonterias!- repuso el roble con desprecio-. Sucio o limpio siempre seras un espinoso cardo.
¡Era verdad! El no podia evitar tener pinchos. No era tan delicado como la margarita, tan dorado como el diente de león, tan hermoso como la campanilla...Nadie le queria, nadie le miraba... El sólo queria estar limpio.
Siempre vivió cerca del bosque, en un camino áspero, solo y triste. Los cervatillos no se paraban junto a él, la oveja rechazó sus hojas, las abejas cambiaron el vuelo y el gran roble reuyó bañarle con las gotas de llubia de sus ramas... Aquella mañana, una anciana araña habia comenzado a tejer su tela entre los arbustos y las flores, pero teniendo mucho cuidado de no tocar los pinchos del cardo...¡Todos le huían! ¡Todos le rechazaban!
¡No podia dejar de tener pinchos! Sabía que no era delicado como la margarita, dorado como el diente de león, bello como la campanilla.¡Nadie le queria!
En aquel momento apareció una bandada de bellas y multicolores mariposas.-¡Al prado muchachas!-ordenó la principal-. ¡Lejos de ese cardo! ¿No veis que tiene pinchos?
Pero una hermosa mariposa, que por ser joven era pequeña y traviesa, se posó en la rama mas alta del cardo, gritando:
-¡No me dan miedo los cardos! ¡Oh! Pero este...tiene aqui una maravillosa flor...
Y entonces, al calido contacto de la mariposa, el pequeño brote del cardo, necesitado de amor, se abrio esplendoroso y se convirtió en una bellísima flor. Desde entonces el cardo nunca se sintio solo en su lugar áspero y pedregoso. Y allá, a lo lejos, siempre pueden verse sus hermosas flores púrpuras.
domingo, 14 de enero de 2007
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1 comentario:
Muy bonito el cuento. No lo había leído antes.
Cuantos vemos desde afuera sin darnos la oportunidad de conocer la belleza que hay dentro de cada uno, de cada ser.
Y como sabemos, las bellezas son distintas. Algo hay en cada ser que lo vuelvo singular a nuestros ojos.
:)
Chau.
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