Por fin nos esperaba un fin de semana lejos de todo el mundo y de las situaciones que podrían jodernos el poder estar solos sin interrupciones. Fui a su casa a recojerlo y antes de que entrara al coche le hice apagar el móvil: no quería ni una sola llamada de nadie.
Después de dos horas de viaje y de habernos perdido un rato (cómo no, siempre me pierdo) llegamos a la casa rural. El sitio era así: un pueblo pequeño, un camino hacia arriba, un barrio enano, un camino estrechísimo hacia arriba y la casa rural. Más arriba nada más. Y todo lleno de animales, perros, gatos, gallinas, vacas, burros... el paraíso. La casa tenía 3 habitaciones para alquilar y la sala y cocina compartidos. Tuvimos tal suerte que sólo estábamos nosotros: ¡toda la casa libre! GENIAL.
El sábado me encantó: Después de dejar las maletas en la habitación bajamos al pueblo a comprar comida y a dar una vuelta. Volvimos, cocinó sus super tallarines picantes de los que te sacan almorranas y a la tarde paseamos por los alrededores y jugamos un rato con los perros de la casa (y los gatos, el burro, las gallinas, los grillos... ¡todos!). Bajamos al pueblo andando con toda la manada de perros y vimos a una perra atada con una cadena en una casa que estaba de obras. Gaizka se le acercó para acariciarla: la pobre estaba delgadísima y en eso me di cuenta de que tenía dos cachorritos preciosos! Igualitos a la perra que tiene su primo, que la pobre está mayor y está para morir ya. Él andaba buscando en Córdoba un perrito que se le pareciera a la suya y nosotros la encontramos. Le llamamos diciendo a ver si lo quería (cómo no, ¡encantado!) y fuimos a la casa a coger comida para la madre y a preguntar a la señora si sabía quién se hacía cargo de ellos para preguntarle si tenía un cachorro para dar (sino lo hubiéramos cogido igual porque dejarlo en semejantes condiciones... por lo menos ésta tendrá una segunda oportunidad).
El fin de semana entero fue toda una coincidencia. El número de nuestra habitación era mi número favorito: las cosas ese día por lo menos iban a ir bien (y fueron genial). El cumple del primo es mañana y encontramos el mejor regalo que se le puede hacer: la perrita que le llevaremos la semana que viene a Córdoba. El dueño de la madre y los cachorros era EL PRIMO de la señora de la casa (la perra va de primo a primo). Y así unas cuantas más que ahora no me vienen a la cabeza pero que las iré recordando.
Total, que hablamos con el dueño de los perros y que podíamos llevarlo. Una perrita preciosa: Lola. La madre y el otro cachorro me rompieron el alma cuando tuve que dejarlos allí muertos de hambre (la perra se bebió un litro de leche y un paquete entero de galletas con chocolate de estas de príncipe en un bocao del hambre que tenía. El día anterior le llevamos una barra entera de pan (el super estaba cerrado por la tarde, sino le hubiera comprado un saco de comida).
Al caer la noche nos bañamos en la bañera, hicimos una sopa para cenar y nos pusimos a beber vodka. Chupitos de vodca caramelo, cubatas de vodka limón con granadina y algún otro cubata de banana mama que cayó mientras comíamos fresas. Una fresa después de cada chupito: excelente. Mientras nos emborrachábamos me echó las cartas y hablamos del Loko (le conté todo lo de las coincidencias y demás). Cuando me emborracho no callo, me sacó todo lo que quiso sacarme, no tengo remedio. Hasta que caí y no pude más. Nos fuimos a dormir.
La mañana amaneció soleado, con un cielo claro y un dolor de cabeza que no me dejaba ni vivir. Un bañito en la bañera, unos tallarines de los de sacar almorranas para la resaca junto con unas fresas y a la cama de nuevo a dormir otro rato. El domingo ya se había jodido (Gaizka ya no era para mí, ya había algo por delante). Lo llevé a aquel pueblo porque hay unas cuevas preciosas para ver y un parque de animales que está genial (o así lo recuerdo). Me daba igual si íbamos o no allí, sólo quería un domingo como el sábado, soledad y tranquilidad: no TENER QUE hacer nada.
Cogimos a la perra y con todo mi dolor de cabeza tuve que conducir a casa. Paramos en un bar a coger unos bocadillos y fuimos a un cementerio a comer con la perra. La bañamos mientras su madre nos metía la brasa del siglo. Le dimos un paseo mientras todo el mundo por la calle nos paraba para verlo (y éste en vez de seguir para adelante a TODOS les contaba de dónde venía. No sabe cortar el rollo). Ya por fin cuando la perra se había quedado dormida pensé que la tarde del domingo por lo menos sería sólo mío, sin interrupciones. Pues no, aparecieron sus amigos y así sin más entraron a la lonja y empezaron a echar el cigarrito y al cotilleo. Después de un buen rato allí muerta del aburrimiento y rayada a más no poder porque ya se había jodido el finde me levanté para pirarme (y justo ellos también se piraban, que tocapelotas).
Al final me quedé, vimos una peli como siempre. (¿Para qué putas conduzco dos horas para pasar un finde a solas con él si al final terminamos donde siempre haciendo lo de siempre después de que nos han interrumpido media tarde? Una y no más).
Lo que bien empezó, terminó mal. No me gustó ese domingo. Y fue tanto lo que insistió queriendo saber porqué estaba rayada que al final se lo dije (no quería decir nada porque sé que tengo mala hostia y con tonterías me enfado; al final se me pasa y punto).
Total, que ayer fui con mi perra para juntar a las dos enanas a ver cómo reaccionaban y así pasar el día solos de paseo con ellas. IMPOSIBLE. Si no era uno, era otro. Aparte de las cosas que había por hacer: llevar a la perra al veterinario, comprarle cosillas, ir a la tienda de fotos a revelar unas fotos que quería yo, todo el mundo parando para ver a las perras, sus amigos dando la bara, su padre con la chapa del siglo viendo que la pizza se nos estaba enfriando porque íbamos a ponernos a cenar...
Hoy ya no tenía intenciones de ir a verlo (de ir a esperar toda la tarde para ver si tengo 5 minutos de paz con él) porque estaba hasta los cojones de ser SIEMPRE lo último tras una larguísima lista de quehaceres y gente a la que saludar y echar el cigarro. Hasta que recibí un sms:" Vamos de paseo con las perras y después te invito a cenar; móvil apagado." Perfecto. ¿Por fin tendré una tarde en paz con él?
Total que llego a la lonja y a esperar a un amigo de él porque estaba tardando en venir y tenía que enseñarle cómo poner el arnés a la perra (¿?¿?¿). Total que llega, nos acompaña hasta donde él había quedado con sus amigos y seguimos los dos solos (¡¡por fin!!) hasta que 10 minutos después vuelve a aparecer porque su amigo no iba a venir. Hemos pasado toda la tarde en unas campas con las perras; la tarde ha ido de pena con mi perra (ya lo contaré otro día) y cuando su amigo ya se va (a las 19.30h; yo había ido para las 16.00 a su casa) decidimos ir a dejar a las perras y cenar. Vamos al bar, sacamos a los perros a cagar con la intención de ver una peli después y todo el mundo parándole para ver a la perra. Y claro, en vez de decir que la perra es suya y seguir, tiene que contar de dónde la ha sacado, a dónde la va a llevar y todo el rollo a cada persona con la que se junta. Medio siglo más que esperar.
Ya después de estar con su amigo, estar con las perras, saludar a medio planeta pienso yo: Bueeeeeno, ya he esperado un día entero, a ver si ahora puedo estar un rato con él que creo que en la lista no hay nada más por hacer. Pero ya es tarde, mañana tengo que ir a trabajar y para el poco tiempo que me queda ya estoy cabreada porque soy lo puto último.
Y estoy hasta los cojones. Quiero verlo pero paso de esperar un puto día entero y ser lo último. Mi paciencia ya se está agotando y creo que la frasecita "Sil, quiero estar contigo" se la va a tener que meter por el culo porque paso de esperar ni un puto minuto más. A la mínima pienso largarme. Y no quiero hacerlo, es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo, pero me jode estar todos los días rayada, joder, que parece que estoy mendigando 5 putos minutos de su vida para estar A SOLAS.
Una y no más (y ya van siendo unas cuantas bastantes).
(Es tarde y no tengo ganas de subir las fotos de la casa rural; mañana prometo subir las fotos incluído las de la perrita para que veáis qué pocholada es). Me voy a dormir, que estoy cabreada y tengo ganas de llorar.
Después de dos horas de viaje y de habernos perdido un rato (cómo no, siempre me pierdo) llegamos a la casa rural. El sitio era así: un pueblo pequeño, un camino hacia arriba, un barrio enano, un camino estrechísimo hacia arriba y la casa rural. Más arriba nada más. Y todo lleno de animales, perros, gatos, gallinas, vacas, burros... el paraíso. La casa tenía 3 habitaciones para alquilar y la sala y cocina compartidos. Tuvimos tal suerte que sólo estábamos nosotros: ¡toda la casa libre! GENIAL.
El sábado me encantó: Después de dejar las maletas en la habitación bajamos al pueblo a comprar comida y a dar una vuelta. Volvimos, cocinó sus super tallarines picantes de los que te sacan almorranas y a la tarde paseamos por los alrededores y jugamos un rato con los perros de la casa (y los gatos, el burro, las gallinas, los grillos... ¡todos!). Bajamos al pueblo andando con toda la manada de perros y vimos a una perra atada con una cadena en una casa que estaba de obras. Gaizka se le acercó para acariciarla: la pobre estaba delgadísima y en eso me di cuenta de que tenía dos cachorritos preciosos! Igualitos a la perra que tiene su primo, que la pobre está mayor y está para morir ya. Él andaba buscando en Córdoba un perrito que se le pareciera a la suya y nosotros la encontramos. Le llamamos diciendo a ver si lo quería (cómo no, ¡encantado!) y fuimos a la casa a coger comida para la madre y a preguntar a la señora si sabía quién se hacía cargo de ellos para preguntarle si tenía un cachorro para dar (sino lo hubiéramos cogido igual porque dejarlo en semejantes condiciones... por lo menos ésta tendrá una segunda oportunidad).
El fin de semana entero fue toda una coincidencia. El número de nuestra habitación era mi número favorito: las cosas ese día por lo menos iban a ir bien (y fueron genial). El cumple del primo es mañana y encontramos el mejor regalo que se le puede hacer: la perrita que le llevaremos la semana que viene a Córdoba. El dueño de la madre y los cachorros era EL PRIMO de la señora de la casa (la perra va de primo a primo). Y así unas cuantas más que ahora no me vienen a la cabeza pero que las iré recordando.
Total, que hablamos con el dueño de los perros y que podíamos llevarlo. Una perrita preciosa: Lola. La madre y el otro cachorro me rompieron el alma cuando tuve que dejarlos allí muertos de hambre (la perra se bebió un litro de leche y un paquete entero de galletas con chocolate de estas de príncipe en un bocao del hambre que tenía. El día anterior le llevamos una barra entera de pan (el super estaba cerrado por la tarde, sino le hubiera comprado un saco de comida).
Al caer la noche nos bañamos en la bañera, hicimos una sopa para cenar y nos pusimos a beber vodka. Chupitos de vodca caramelo, cubatas de vodka limón con granadina y algún otro cubata de banana mama que cayó mientras comíamos fresas. Una fresa después de cada chupito: excelente. Mientras nos emborrachábamos me echó las cartas y hablamos del Loko (le conté todo lo de las coincidencias y demás). Cuando me emborracho no callo, me sacó todo lo que quiso sacarme, no tengo remedio. Hasta que caí y no pude más. Nos fuimos a dormir.
La mañana amaneció soleado, con un cielo claro y un dolor de cabeza que no me dejaba ni vivir. Un bañito en la bañera, unos tallarines de los de sacar almorranas para la resaca junto con unas fresas y a la cama de nuevo a dormir otro rato. El domingo ya se había jodido (Gaizka ya no era para mí, ya había algo por delante). Lo llevé a aquel pueblo porque hay unas cuevas preciosas para ver y un parque de animales que está genial (o así lo recuerdo). Me daba igual si íbamos o no allí, sólo quería un domingo como el sábado, soledad y tranquilidad: no TENER QUE hacer nada.
Cogimos a la perra y con todo mi dolor de cabeza tuve que conducir a casa. Paramos en un bar a coger unos bocadillos y fuimos a un cementerio a comer con la perra. La bañamos mientras su madre nos metía la brasa del siglo. Le dimos un paseo mientras todo el mundo por la calle nos paraba para verlo (y éste en vez de seguir para adelante a TODOS les contaba de dónde venía. No sabe cortar el rollo). Ya por fin cuando la perra se había quedado dormida pensé que la tarde del domingo por lo menos sería sólo mío, sin interrupciones. Pues no, aparecieron sus amigos y así sin más entraron a la lonja y empezaron a echar el cigarrito y al cotilleo. Después de un buen rato allí muerta del aburrimiento y rayada a más no poder porque ya se había jodido el finde me levanté para pirarme (y justo ellos también se piraban, que tocapelotas).
Al final me quedé, vimos una peli como siempre. (¿Para qué putas conduzco dos horas para pasar un finde a solas con él si al final terminamos donde siempre haciendo lo de siempre después de que nos han interrumpido media tarde? Una y no más).
Lo que bien empezó, terminó mal. No me gustó ese domingo. Y fue tanto lo que insistió queriendo saber porqué estaba rayada que al final se lo dije (no quería decir nada porque sé que tengo mala hostia y con tonterías me enfado; al final se me pasa y punto).
Total, que ayer fui con mi perra para juntar a las dos enanas a ver cómo reaccionaban y así pasar el día solos de paseo con ellas. IMPOSIBLE. Si no era uno, era otro. Aparte de las cosas que había por hacer: llevar a la perra al veterinario, comprarle cosillas, ir a la tienda de fotos a revelar unas fotos que quería yo, todo el mundo parando para ver a las perras, sus amigos dando la bara, su padre con la chapa del siglo viendo que la pizza se nos estaba enfriando porque íbamos a ponernos a cenar...
Hoy ya no tenía intenciones de ir a verlo (de ir a esperar toda la tarde para ver si tengo 5 minutos de paz con él) porque estaba hasta los cojones de ser SIEMPRE lo último tras una larguísima lista de quehaceres y gente a la que saludar y echar el cigarro. Hasta que recibí un sms:" Vamos de paseo con las perras y después te invito a cenar; móvil apagado." Perfecto. ¿Por fin tendré una tarde en paz con él?
Total que llego a la lonja y a esperar a un amigo de él porque estaba tardando en venir y tenía que enseñarle cómo poner el arnés a la perra (¿?¿?¿). Total que llega, nos acompaña hasta donde él había quedado con sus amigos y seguimos los dos solos (¡¡por fin!!) hasta que 10 minutos después vuelve a aparecer porque su amigo no iba a venir. Hemos pasado toda la tarde en unas campas con las perras; la tarde ha ido de pena con mi perra (ya lo contaré otro día) y cuando su amigo ya se va (a las 19.30h; yo había ido para las 16.00 a su casa) decidimos ir a dejar a las perras y cenar. Vamos al bar, sacamos a los perros a cagar con la intención de ver una peli después y todo el mundo parándole para ver a la perra. Y claro, en vez de decir que la perra es suya y seguir, tiene que contar de dónde la ha sacado, a dónde la va a llevar y todo el rollo a cada persona con la que se junta. Medio siglo más que esperar.
Ya después de estar con su amigo, estar con las perras, saludar a medio planeta pienso yo: Bueeeeeno, ya he esperado un día entero, a ver si ahora puedo estar un rato con él que creo que en la lista no hay nada más por hacer. Pero ya es tarde, mañana tengo que ir a trabajar y para el poco tiempo que me queda ya estoy cabreada porque soy lo puto último.
Y estoy hasta los cojones. Quiero verlo pero paso de esperar un puto día entero y ser lo último. Mi paciencia ya se está agotando y creo que la frasecita "Sil, quiero estar contigo" se la va a tener que meter por el culo porque paso de esperar ni un puto minuto más. A la mínima pienso largarme. Y no quiero hacerlo, es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo, pero me jode estar todos los días rayada, joder, que parece que estoy mendigando 5 putos minutos de su vida para estar A SOLAS.
Una y no más (y ya van siendo unas cuantas bastantes).
(Es tarde y no tengo ganas de subir las fotos de la casa rural; mañana prometo subir las fotos incluído las de la perrita para que veáis qué pocholada es). Me voy a dormir, que estoy cabreada y tengo ganas de llorar.
3 comentarios:
Cosas así creo que nos han pasado a tod@s, así que tendrás que tener un poco-mucho de paciencia, que con el tiempo se dará cuenta de sus prioridades (y de las tuyas).
Un beso
Yo creo que te agobias demasiado pensando que lo quieres sólo para tí...
Acepta lo que él era (y la vida que tenía), antes de conocerte y quiérelo tal y como es.
A mí me encantaría tener un novio así de "animado", el problema es que no lo encajas bien, porque estás acostumbrada a la soledad.
¿No me digas que eres una de esas chicas-agobio que son como un pin de la cruz roja en la solapa de una chaqueta? xDDDDD
Acostúmbrate que a tiempo de tenerlo con cara de palo tienes hasta el fin de tus/sus días.
Me alegro por ese sábado!!!!!!!
Publicar un comentario