Estaba trabajando aquella mañana en la que me enviaste un sms diciéndome que querías verme, que estabas triste. Te compré un cucurucho de golosinas, ¿Te acuerdas? Y tú, como por arte de magia, sacaste de tu mochila una tableta de chocolate de naranja. Y me abrazaste. Me dijiste que nadie jamás te había regalado golosinas para sacarte una sonrisa. Como a los niños. ¿Y tú porqué me lo regalaste?
¿Es cierto que el pulpo se hincha en es estómago si bebes agua después de comerlo? Las reuniones familiares no son precisamente de mi agrado, pero aquel día que fui a tu casa a comer con ellos me lo pasé muy bien desplumando a tu padre jugando al pócker, la primera vez que jugaba.
Donuts de chocolate... ¿Quieres? ¿Estás seguro? ¡Pues toma! ¿Cuántos fueron? Primero te robé uno entero, casi no podía ni tragarlo... y luego, ¿cuántos te metí en la boca? ¿Querías aun más?
¿Te acuerdas qué viajecito nos dio Lola de camino a Córdoba? Cada dos por tres parando por si tenía ganas de cagar. ¡Y pensar que ahora aquella bolita de pelo es enorme! ¿Te acuerdas cuántas pulgas tenía cuando la trajimos? ¡Después de la sesión quedó perfecta y blanquísima! A ver si pronto podemos ir a visitar a ella, a Nika y a tu primo.
En tus cumpleaños se suponía que era yo quien tenía que regalarte algo... Y tú me regalaste aquella cruz de plata que tanto me gusta. ¿Por qué? No hacía falta. Pero me gustó demasiado.
Muchas veces me has preguntado qué fue lo que le sucedió a Yaku. Siento no poder decírtelo. Mi boca es incapaz de pronunciar que me lo mataron. Hace ya un año. Qué rápido pasa el tiempo y cuánto tarda éste dolor en marcharse. No puedo escribir éste párrafo sin llorar. No puedo. Me duele su recuerdo. Mucho. Tal vez demasiado. No sabes lo importante que fue para mí. Mi mitad. Mi todo. Y ahora no está. Por mi culpa.
Cajas. Cajas de madera, cajas de colorines, cajas que barnizas tú, cajas con ositos... Cajas para guardar secretos.
A día de hoy has pasado a ser lo más importante para mí. ¿Qué voy a hacer si algún día me faltas? Quiero seguir llenando todas esas cajas de recuerdos. De momentos que me das. Palabras. Frases. Abrazos. Sonrisas...
¿Es cierto que el pulpo se hincha en es estómago si bebes agua después de comerlo? Las reuniones familiares no son precisamente de mi agrado, pero aquel día que fui a tu casa a comer con ellos me lo pasé muy bien desplumando a tu padre jugando al pócker, la primera vez que jugaba.
Donuts de chocolate... ¿Quieres? ¿Estás seguro? ¡Pues toma! ¿Cuántos fueron? Primero te robé uno entero, casi no podía ni tragarlo... y luego, ¿cuántos te metí en la boca? ¿Querías aun más?
¿Te acuerdas qué viajecito nos dio Lola de camino a Córdoba? Cada dos por tres parando por si tenía ganas de cagar. ¡Y pensar que ahora aquella bolita de pelo es enorme! ¿Te acuerdas cuántas pulgas tenía cuando la trajimos? ¡Después de la sesión quedó perfecta y blanquísima! A ver si pronto podemos ir a visitar a ella, a Nika y a tu primo.
En tus cumpleaños se suponía que era yo quien tenía que regalarte algo... Y tú me regalaste aquella cruz de plata que tanto me gusta. ¿Por qué? No hacía falta. Pero me gustó demasiado.
Muchas veces me has preguntado qué fue lo que le sucedió a Yaku. Siento no poder decírtelo. Mi boca es incapaz de pronunciar que me lo mataron. Hace ya un año. Qué rápido pasa el tiempo y cuánto tarda éste dolor en marcharse. No puedo escribir éste párrafo sin llorar. No puedo. Me duele su recuerdo. Mucho. Tal vez demasiado. No sabes lo importante que fue para mí. Mi mitad. Mi todo. Y ahora no está. Por mi culpa.
Cajas. Cajas de madera, cajas de colorines, cajas que barnizas tú, cajas con ositos... Cajas para guardar secretos.
A día de hoy has pasado a ser lo más importante para mí. ¿Qué voy a hacer si algún día me faltas? Quiero seguir llenando todas esas cajas de recuerdos. De momentos que me das. Palabras. Frases. Abrazos. Sonrisas...
1 comentario:
A quién iban dirigidas esas palabras?
Quién es la persona que no las leerá pese a llevar su dirección en el sobre?
Cuídate mucho pequeña
Publicar un comentario