Volví a ver al perro al día siguiente y desde entonces guardo en mi coche una bolsa con comida, por si vuelvo a verlo. No supe más de él y la bolsa sigue aún en su sitio. No sé lo que habrá sido de él, ojalá que la vida le haya brindado un buen hogar.
Y mientras algunos están comenzando a vivir, otros abandonan la vida. La abuela de Gaizka falleció el pasado 11 de febrero, un año y un mes después de Yaku. Fui al tanatorio por la tarde y luego al entierro a acompañar a Gaizka. Sólo por él.
Aquella noche lloré como hacía tiempo que no lo hacía. De camino a casa, en la soledad de la noche, me di cuenta que aunque hubiera pasado ya más de un año, me faltaba una gran parte de mí. Lloré hasta que las lágrimas se me terminaron. Desde aquel 12 de enero me he dado cuenta que por lo único que lloro es por el dolor que me causa su dolor. No soy capaz de dejarlo ir. Me he quedado estancada en el día más doloroso de mi vida y no sé cómo dejarlo ir, cómo deshacerme de este dolor.
Los días pasan y aun sigo sin encontrar un trabajo. Cualquier trabajo, joder. Cualquiera menos planta, por supuesto. Pero es imposible. ¿Las tiendas y los supermercados cuántos currículums habrán recibido en los últimos tiempos? No me lo quiero ni imaginar.
Por lo menos sigo yendo a las clases de fotografía y de photoshop. Eso me pone contenta. Aunque me de una inmensa pereza salir de casa con lluvia y frío para viajar durante una hora. No me importa.
Las mañanas las paso preparando la comida para mi padre, paseando al perro y haciendo las tareas de la casa. Pura rutina. Siempre lo mismo. Hoy me puse a limpiar los armarios de la cocina y de la torta que me he dado en la cabeza con la puerta me ha matado por lo menos 20 neuronas. ¡Qué dolor, por Dios! Te das el golpe, sientes que de repente todo lo ves negro, y mientras van pasando los segundos cada vez te duele más. Hasta que dejas de gritar "¡Ay!¡ay!¡ay!" como una loca y te pones a reír imaginándote la escena.
Mañana más. Espero no quedarme sin mano cuando vaya a hacer la plancha.
Los días pasan y aun sigo sin encontrar un trabajo. Cualquier trabajo, joder. Cualquiera menos planta, por supuesto. Pero es imposible. ¿Las tiendas y los supermercados cuántos currículums habrán recibido en los últimos tiempos? No me lo quiero ni imaginar.
Por lo menos sigo yendo a las clases de fotografía y de photoshop. Eso me pone contenta. Aunque me de una inmensa pereza salir de casa con lluvia y frío para viajar durante una hora. No me importa.
Las mañanas las paso preparando la comida para mi padre, paseando al perro y haciendo las tareas de la casa. Pura rutina. Siempre lo mismo. Hoy me puse a limpiar los armarios de la cocina y de la torta que me he dado en la cabeza con la puerta me ha matado por lo menos 20 neuronas. ¡Qué dolor, por Dios! Te das el golpe, sientes que de repente todo lo ves negro, y mientras van pasando los segundos cada vez te duele más. Hasta que dejas de gritar "¡Ay!¡ay!¡ay!" como una loca y te pones a reír imaginándote la escena.
Mañana más. Espero no quedarme sin mano cuando vaya a hacer la plancha.
2 comentarios:
Y va a pasar mas tiempo para que te deje de doler, de recordar, olvidar jamas verdad? es que esos amigos nos roban un pedacito de alma... ayyyyy cada vez que hablas de el, recuerdo a mi Piwi.... :( y eso que ya pasaron mas de 3 años...
aunque te duela tienes que dejarle ir mi niña, tu perrin esta ya en donde nadie puede hacerle daño y sabia que le querias y mucho,y que cuando desparecio le estuviste buscando, y que cuando le encontraste fue el dolor mas grande... pero tienes que dejarle que se marche, como cuando se muere una persona y por mucho dolor que tengas tienes que dejarle ir... igual... no quiere decir que le olvides porque nunca podras hacerlo, es solo cambiar el chip y en vez de recordar su muerte, recordar su vida, sus payasadas de cachorro, lo guapo que era, esa vez que hizo eso que os dejo flipando, las veces que te ha consolado cuando estabas mal...
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