El viernes fui de nuevo a podar con el perro. Cuando me quedaban un par de pinos por terminar antes de irme para casa empecé a llamar al perro, que se suele dar su paseo por ahí... y no aparecía. Pasaba el tiempo, y seguía sin venir. Al principio pensé que andaría detrás de algún otro animal... pero le llamaba, le esperaba un montón de tiempo y seguía sin venir. Me pareció raro, pero pensé que quizá estaría esperando en el coche. Bajé todo el monte, fui al coche, y nada. Arranqué el coche pensando que con el ruido aparecería, y seguí llamándolo como una loca! Mi casa queda a 5km, pero él nunca había ido andando por esa zona y descarté esa opción. Di una vuelta por la zona con el coche, mientras lo llamaba, y volví a aparcar de nuevo en el mismo sitio al ver que no aparecía.

Bajé del coche, y comencé a subir al monte a buscarlo: Le tenía que haber pasado algo, porque no escuchaba ningún ladrido, nada. Y mientras estaba subiendo la cuesta más rápido que lo que he corrido en toda mi vida, dejándome los pulmones en el camino, me vinieron a la cabeza las palabras de mi madre: Allí arriba del monte, donde suele andar el perro olisqu
eando los agujeros que hacen los topos y por donde andan los zorros, hay un agujero que llega muy hondo.No podía ser otra cosa, el perro se habría caído al agujero que llevaba al centro de la tierra, y yo ya estaba pensando en ir a casa a coger las cuerdas que usamos para arrastrar los troncos para bajar a por él como en el cuento de Julio Verne al tiempo que intentaba recordar a qué hora cerraban la veterinaria, por si aun seguía vivo. Rezaba por que solo fueran unos arañazos, una pata rota tal vez... Pero suplicaba a los de arriba para que no estuviera muerto.
Seguía subiendo la cuesta al borde de la asfixia cuando el sonido del teléfono interrumpió mis pensamientos de cómo bajar hasta el infierno si fuera necesario para recuperar a mi perro.
- ¿Si? - contesté casi sin voz.
- Soy yo, ¿dónde estás? Es que he vuelto del trabajo y se me ha hecho raro ver al perro en casa sin que tú estuvieras aquí... - decía mi madre.
- ¿Que el perro está en casa? - ya no sabía si sentía rabia por todas las vueltas que di o alegría por saber que el perro estaba bien.
- Sí, parece que se te ha escapado, ¿no?
- Agárralo, que en cuanto llegue a casa lo mato!!!!!!!!!!
Bajé del monte con las lágrimas recorriéndome las mejillas y conduje con reggaetón al volumen que me permitían los altavoces del coche. Me tranquiliza la música alta, y en ese momento hubiera ahorcado al perro por hacerme pensar que le había pasado algo!
Llegué a casa, le eché la bronca y lo até con la cadena en su sitio de dormir. Lo castigué para las próximas 2 semanas sin salir.
Era la hora de cenar, cuando mi padre trajo al perro a la cocina como cada noche, levantándole el castigo. Al ver que seguía enfadada con él, no me insistía tanto pidiéndome la cena, hasta que se cansó d
e que no le hiciera caso y me empezó a dar con el hocico en la pierna como siempre suele hacer. Me moría de ganas de que lo hiciera, al fin y al cabo, no me gusta estar enfadada con él.El sábado llovía y hacía frío. No me apetecía quedar con mi ex para hacer lo de siempre así que me preparé para pasar un día entero en mi habitación, leyendo algo o haciendo nada. Y fue cuando me llegó el sms de una chica con la que salía hace años, la que alguna vez fue buena amiga, que me decía que estaba con las otras chicas y que fuera con ellas a ver una película.

Fui. Me sorprendí a mí misma aceptando la invitación, pero viendo ese cambio aproveché y quedé con ellas. Una de ellas es una loca enamorada de Edward Cullen, del famoso vampiro de Crepúsculo. Ha visto la película en castellano, en inglés... mil veces. Y volvimos a ver Crepúsculo. Éramos 4 chicas dentro del coche de la enamorada de Edward viendo la película en un portatil.
El coche ardía en un olor a hormonas impresionante.
- Diosssss!!!!! Restriégate así conmigo, cabronazo!!!!!! - decía la loca enamorada cada vez que salía Edward acariciando a Bella, porque hay que decir que en esto del sexo son un poco lentos. Besitos adolescentes nada más!
Tengo que admitir que lo pasé bien dentro de aquel coche con los cristales empañados a causa del calor hormonal que se desprendía... cosa que se arregló con abrir un poco las ventanas y escurriendo las bragas.
Y hoy tuve que ir al geriátrico donde me hicieron una entrevista, que tenían algo que ofrecerme y para que viera el centro. Fui pensando que serían unos días para cubrir unas vacaciones, pero terminé con un contrato indefinido.




































