Aprovechando que me paso los veranos trabajando en hematología me suelo hacer una analítica con un poco de todo para ver si estoy podrida o sigo siendo un buen partido. Después de un mes me decidí que éste año me sacaría una y el martes hice el volante. La enfermera me dijo que ya me sacaría sangre ella, que como se enterase que me pinchaba yo en casa me iba a colgar. (Otros años reuno el suficiente valor para pincharme a mí misma, romperme la vena (las dos veces que me he pinchado) y dejar la aguja clavada mientras cambio los tubos.) El proceso del convencimiento me lleva desde un par de semanas hasta un mes más o menos.
Después de hacer el volante, esa misma tarde compré pan bimbo y nocilla (nunca dejaré mi infancia xD) para llevar mi gran desayuno al hospital para recuperarme del susto. Esa noche soñé que me pinchaban. Toda la noche. Y por la mañana le di uso al pan bimbo, pero no para prepararme el sandwich, sino para hacerme unas tostadas para desayunar. Ese no era el día señalado para clavarme una aguja.
La enfermera ya me estaba esperando para sacar sangre, pero le pedí una prórroga para hacerme mejor a la idea.
La noche del miércoles también soñé con agujas, pero esta vez era yo la que pinchaba (desde esta perspectiva las cosas se veían mejor). Así que esta mañana me he currado un sandwich con una capa inmensa de nocilla y he ido al hospital.
La enfermera estaba pinchando a los pacientes de la consulta y yo amablemente les cedía mi turno a esos pobres, para que fuera haciendo mano antes de que me pinchara. Le he preparado la aguja de los niños y todo siendo bien precavida.
Total, que cuando ya no había escapatoria me siento en la silla, me pone la goma y es cuando me empieza ese sudor frío... Después de discutir qué vena me pinchaba se ha salido con la suya y me ha pinchado en el centro, donde más tirria me da. Me sudaban hasta las cejas. Y claro, con la aguja de los niños tarda como medio siglo en llenar los tubos, pero una vez pinchado lo mismo da. La chaquetilla mojada por la espalda. Y los tubos seguían llenándose. Una gota de sudor por el canalillo... ¡Qué fatal!
¡De la sudada que llevaba no me pegaba ni el esparadrapo! Y digo yo... si me pincho todos los días un par de tubos es como si hubiera hecho un par de horas de gimnasio, porque creo que nunca he sudado tanto y menos en un tiempo record de 1 minuto.
Total, que con las rodillas temblando me he ido a comer mi sandwich. Mierda, con toda la nocilla que tenía y no me lo he comido a gusto, todavía seguía sudando. Así que me lo he comido a todo correr y he bajado al vestuario a lavarme un poco y a cambiarme el uniforme.
Hay que ver, con todo lo que he pinchado y ¡casi me da un mal cuando me pinchan!
Después de hacer el volante, esa misma tarde compré pan bimbo y nocilla (nunca dejaré mi infancia xD) para llevar mi gran desayuno al hospital para recuperarme del susto. Esa noche soñé que me pinchaban. Toda la noche. Y por la mañana le di uso al pan bimbo, pero no para prepararme el sandwich, sino para hacerme unas tostadas para desayunar. Ese no era el día señalado para clavarme una aguja.
La enfermera ya me estaba esperando para sacar sangre, pero le pedí una prórroga para hacerme mejor a la idea.
La noche del miércoles también soñé con agujas, pero esta vez era yo la que pinchaba (desde esta perspectiva las cosas se veían mejor). Así que esta mañana me he currado un sandwich con una capa inmensa de nocilla y he ido al hospital.
La enfermera estaba pinchando a los pacientes de la consulta y yo amablemente les cedía mi turno a esos pobres, para que fuera haciendo mano antes de que me pinchara. Le he preparado la aguja de los niños y todo siendo bien precavida.
Total, que cuando ya no había escapatoria me siento en la silla, me pone la goma y es cuando me empieza ese sudor frío... Después de discutir qué vena me pinchaba se ha salido con la suya y me ha pinchado en el centro, donde más tirria me da. Me sudaban hasta las cejas. Y claro, con la aguja de los niños tarda como medio siglo en llenar los tubos, pero una vez pinchado lo mismo da. La chaquetilla mojada por la espalda. Y los tubos seguían llenándose. Una gota de sudor por el canalillo... ¡Qué fatal!
¡De la sudada que llevaba no me pegaba ni el esparadrapo! Y digo yo... si me pincho todos los días un par de tubos es como si hubiera hecho un par de horas de gimnasio, porque creo que nunca he sudado tanto y menos en un tiempo record de 1 minuto.
Total, que con las rodillas temblando me he ido a comer mi sandwich. Mierda, con toda la nocilla que tenía y no me lo he comido a gusto, todavía seguía sudando. Así que me lo he comido a todo correr y he bajado al vestuario a lavarme un poco y a cambiarme el uniforme.
Hay que ver, con todo lo que he pinchado y ¡casi me da un mal cuando me pinchan!
2 comentarios:
Ay pobre... tengo un amigo que le tien panico a las agujas e incluso se desmaya cuando le tienen que pinchar, te pasa algo asi dse siempre o es solo que no te gusta?
aaah q horror las agujas!! qe valiente tuu mujer!
jojo me has antojado el pan con nocilla xD
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