Al día siguiente me desperté con los ojos hinchados y rojos. Pero un poco de maquillaje y una sonrisa bastan para que todo vaya como siempre. La gente sólo ve lo que quiere ver. Si no tuviera fobia social estoy segura de que sería tan buena actriz o incluso mejor que Richard Gere.
Esta semana tenía que ir a recoger el DNI y antes de que a Yaku se fuera había quedado con mi madre en que iríamos el miércoles y después de tiendas en un rato. Ese día no me apetecía ni una mierda ir de compras, ni a por el DNI ni a por nada. Estaba rota. Pero no me quedaba otra que poner una enorme sonrisa e ir. Así por lo menos se me pasó rápido el día.
El perro del vecino, Enano, ya ni siquiera viene a saludarme cuando llego a casa y tampoco aparece tanto por aquí. El gato tampoco pasa tanto tiempo como antes, en cuanto come se va. Parece que Yaku era el que nos unía a todos. Y ahora que él no está es como si todos quisiéramos huir del que fue su hogar, de su recuerdo tan doloroso. Su silla, su cama, su cepillo... todo sigue en su lugar, como si esperaran que su dueño los reclamara. La cadena aun cuelga de la pared. Sus fotos siguen en las paredes de mi habitación. Su recuerdo en mi corazón. Y la última imagen de él, de su cuerpecito destrozado en mis brazos, en mi mente. Las 24 putas horas.
Murió solo y sufriendo, a tan solo unos minutos de mi casa. Y cada día tengo que ver ese maldito lugar, lo que él vio antes de morir, donde pasó horas de agonía tumbado en la nieve, destrozado. Y yo en mi habitación. Y él muriéndose. Solo. Y yo en mi puta habitación. ¿Cuánto sufrió? Veo a los perros que lo mataron corriendo por la zona. Y mi Yaku no está. Está enterrado. ¿Por qué? ¿Por qué tuvo que morir de esa forma?
El viernes me llamó Jeny, y quedamos en ir a comer al centro comercial con otra amiga y después de compras. Todo era mejor que quedarme en casa con su recuerdo tan doloroso. De todas formas no lo pasé tan mal, aunque tampoco allí lo olvidé. Eso es imposible, su recuerdo me duele tanto que se hace notar todo el rato.
Aun no le he dicho a nadie que él murió. No puedo pronunciarlo en voz alta. Siento que si dijera eso ya no fuera a volver más. Y yo quiero que vuelva. Lo necesito tanto... La casa está vacía sin él.
Hoy al medio día vino mi tío a hablar con mi padre. Y de repente dijo que su perra había tenido perritos y que la otra estaba para parir también. Que enseguida iba a hacer un gran "perricidio". Cuando lo escuché casi me da algo. "Sil necesita una perrita, ¿no?" dijo mi padre. Me levanté de la silla y me fui sin decir nada. De verdad que casi me da algo. No necesito perritos. Necesito a mi Yaku. No estoy preparada para tener un nuevo perro tan pronto. No puedo.
De tarde me llamó Jeny llorando, que había dejado a su novio con el que llevaba 5 años. Bajé para estar un rato con ella, pero tampoco es que fuera la alegría de la huerta. La vi demasiado bien, me hablaba de lo que había pasado y que no quería volver con él, que encontraba bien pero que tenía miedo a echarlo de menos, de arrepentirse. "Sil, no sabes lo que es ver su cara antes de irme de su casa, por última vez". Y a mí sólo me venía a la mente mi Yaku en mis brazos. Claro que sé lo que es ver a alguien por última vez. Sólo podía escucharla pero no tenía nada que decir. Oírla me daba ganas de llorar; no por lo de su novio sino por Yaku. Sí, es así. Ella hacía tiempo que pensaba en dejarlo y normal que ahora esté jodida (se la veía demasiado bien, yo creo que todavía no había asimilado que ya no va a tenerlo). Y lo siento por ella. Pero yo no soy la mejor ayuda en estos momentos. No tengo ganas de entretener a nadie para que por lo menos pase un rato pensando en otras cosas. Y mis palabras de ánimo serían más adecuados para un funeral. No puedo.
Simplemente fuimos a un bar a tomar algo y después la llevé conmigo a comprar unas cosas que necesitaba para casa.
A la noche traje a Enano a cenar a la cocina. Estaba jugando con él y sin querer le llamé Yaku. Me quedé helada.
Me marcho a dormir. Me arden los ojos.
*** Por cierto, mil gracias a todas las que me habéis escrito. Esos comentarios han sido como los abrazos que no he tenido. Gracias. Me habéis hecho sentirme menos sola.



