Cuando pasas toda una vida al lado del hombre al que amas puede decirse que ha valido la pena vivir. Almacenas miles de buenos recuerdos que cuando los traes de nuevo al presente te hacen sonreír viviendo de nuevo aquel momento, recordando los olores de aquel día y volviendo a sentir aquella felicidad. Y los malos días no importan, no dañan tanto, porque al día siguiente vuelves a despertarte junto a él, quien te sostendrá cada vez que tropieces y te ayudará a levantarte y a seguir caminando siempre intentando hacerte sonreír. ¿Pero qué pasa cuando ya no despiertas a su lado? Y es más: ¿Cuando eres consciente de que jamás volverás a abrazarlo?

El corazón intenta ocultar ese dolor que rompería el alma de una mujer en miles de pedazos bajo excusas que con el tiempo caen por su propio peso. Hablas en presente de él. Su pijama sigue debajo de la almohada. Compras dos bollos para desayunar y pones dos platos para comer. Pero él no vuelve y te das cuenta que tu alma partió con él y que sólo caminas por inercia. Que te levantas por las mañanas esperando oír el timbre de la puerta y abrazarlo fuerte. Y no es así, ni será. Y es entonces cuando el corazón deja de dar falsas esperanzas y caes desde un precipicio de emociones que matan poco a poco tu cuerpo.
Y ya no te queda ni alma ni fuerza para seguir caminando.
Y tu hogar se convierte en tu celda. Encerrada con los recuerdos que van matándote poco a poco. Una muerte lenta y dolorosa. Triste.
Morirse de tristeza. De tristeza porque él se ha ido. De tristeza porque ya no queda nada. Una casa vacía, fotografías con sonrisas de tiempos felices y unas flores marchitas.
Y así es la muerte, que llega cuando menos te lo esperas, arranca de tu vida lo que más quieres y se queda agazapado esperándote.
El martes por la mañana el tío Andrés se cayó por las escaleras y murió dejando sola a su mujer.
Y ya no te queda ni alma ni fuerza para seguir caminando.
Y tu hogar se convierte en tu celda. Encerrada con los recuerdos que van matándote poco a poco. Una muerte lenta y dolorosa. Triste.
Morirse de tristeza. De tristeza porque él se ha ido. De tristeza porque ya no queda nada. Una casa vacía, fotografías con sonrisas de tiempos felices y unas flores marchitas.
Y así es la muerte, que llega cuando menos te lo esperas, arranca de tu vida lo que más quieres y se queda agazapado esperándote.
El martes por la mañana el tío Andrés se cayó por las escaleras y murió dejando sola a su mujer.
4 comentarios:
La Muerte es reina y señora de nuestras vidas. La mujer del tío Andrés sobrevivirá porque no le queda otra.
R.I.P
Lo lamento mas por ella que por el. A fin de cuentas el ya no se entera de lo que deja atras, no así ella que seguira su vida mas o menos triste.
Besos y ánimo
Dentro de dos días tengo el funeral por un primo mío que murió a los 42 años, dejando a su mujer, a un niño de 7 años y a un padre ya viudo y destrozado por la pérdida de su mujer.
Sorprendentemente para mí, todos siguen adelante con sus vidas, no digo que fácilmente, pero sí con una gran sensación de que sólo hacen lo que tienen que hacer: seguir hacia delante.
Tal y como yo lo veo, la vida no es dura porque la gente se muera: la vida es terriblemente dolorosa para todos aquellos que tenemos que seguir soportándola en soledad.
Un abrazo y cuídate mucho.
Una vez escuché algo así como que los q sufren son los vivos que se kedan con el dolor de haber perdido a los fallecidos, los cuales no sienten absolutamente nada pq al fin y al cabo están muertos...
Lo siento muxísimo, una muerte siempre es horrible, pero cuando no te lo esperas es peor aún.
Besos!
Publicar un comentario