Le llamé esta mañana. Sin saber qué decir. Sólo sabía que probablemente sería la última vez que habláramos. Salí de casa, me fui al monte con la perra, me senté en un tronco que estaba empapado por las lluvias de la noche y con el corazón a punto de salírseme por el pecho escuché un tono tras otro hasta que descolgó.
Y escuché su voz. Decía lo mismo, que yo convertía el hecho de hablar en una obligación. Que si le echaba mierda a él porque quería deshacerme de él y así que él lo hiciera. Que él quedara como el malo. Dijo que estaba en su local con los amigos y que no podíamos hablar, que más tarde me llamaría.
¿Cómo podía estar tan equivocado? Si yo sólo quiero hablar con él porque lo echo de menos. Así de simple. Porque lo necesito. Y vi que esto no iría a ninguna parte. Le expliqué que estaba equivocado y que no hacía falta que volviera a llamar.
Estás equivocado si piensas que te echo mierda para
deshacerme de ti, lo primero porque no necesito excusas para deshacerme de
nadie y lo segundo que no saber de ti precisamente es lo que no quiero. Y me
jode que pienses eso.
No convierto nada en obligación, pero parece que para ti si
lo es. Te escribo porque necesito saber de ti, porque se me hace eterno pasar
días sin hablar contigo y simplemente me hace estar mal eso. No te lo digo para
echarte mierda. Te lo digo porque te echo de menos. Y siento que tú no
necesites lo mismo, me he equivocado, y yo no soy para ti lo mismo que tu eres
para mi.
Si no te digo lo que pienso, mal. Si te lo digo me llamas y
me dices que “a tomar por culo”. Pues nada, será mejor así. No hace falta que
me llames si piensas eso. Te deseo lo mejor. Cuidate mucho.
Y llamó. Y habló. Más él que yo, es bien sabido que no soy de palabras, y menos en estas situaciones. Le dije que quería verlo. Me dijo que él no. Que le echaba de menos. Que él también. Pero que nos estábamos haciendo daño y que él no quería esto. Que no iba a estar delante de una pantalla de ordenador para hablar conmigo. Que si me enviaba un mensaje y respondía bien, y que sino también. Que quería hacer su vida y que me contaría las cosas cuando quisiera sin la necesidad de hablar constantemente conmigo. Y que yo hiciera lo mismo, que saliera, que hiciera mis cosas sin estar pendiente de él. Y que necesitábamos tiempo para pensarlo. Que ni siquiera sabía lo que somos, pero que sea lo que sea a ambos nos hace daño y que tal vez sea mejor olvidarnos o ser amigos. Que al día siguiente hablaremos.
Y así es como Ale acabará marchándose. Que hace bien, porque sólo le hago sentirse mal. Y es mejor que nos olvidemos aunque sea lo ultimo que me apetezca. Es mejor para él. Ni siquiera entiendo cómo he llegado a pensar que yo me merecía a alguien como él. Que lo que nos hace daño es la distancia, pero también es mi culpa. Y él se merece ser feliz con alguien que sepa hacer que sonría cada día.
1 comentario:
Por lo menos ha sido claro y sincero. Creo que se ha sentido agobiado. Ten en cuenta que acabáis de empezar una relación, no es que llevéis años... y por lo general los hombres no son de agarrarse tan fácilmente. Poco a poco, sin prisas... sin dar todo hecho. Una de cal y otra de arena. Si le das todo de entrada, se asustan y quieren huir.
Dudo que vuestra historia acabe así y aquí... sé que es difícil "seguir con tu vida" sabiendo que lo único que tienes en la mente es a él, pero todo el mundo necesita su espacio... debes dárselo. Efectivamente, si quiere hablarte, lo hará.
Ánimos guapa.
Publicar un comentario