El viernes Jeny y yo fuimos al pueblo de Gaizka, a las fiestas de un barrio. Él trabajaba de camarero y nosotras fuimos a emborracharnos. Le regalé otra estúpida tarjeta como el día anterior, con un poema chorra de Cálico Electrónico para echar unas risas. Le hacen gracia estas tonterías y a mí me encanta verlo sonreír. (¿Me estoy volviendo demasiado cutre o siempre lo he sido pero he evitado hacer este tipo de estupideces a la gente?). Cuando cerró el bar fuimos los 3 a dormir a su lonja y en unas horas Jeny se fue a la boda de una amiga. Yo me quedé más tiempo con él y después volví a casa para arreglarme y salir de nuevo.
Sábado noche: otra noche más para seguir bebiendo. Esta vez Jeny se fue antes a casa y yo me quedé en su lonja durmiendo esperando a que llegara del bar. Para terminar el tercer día también le hice otra tarjeta chorra (hasta el jefe miraba con ilusión cómo abría el lazo... hay que ver...).
A las 7 de la mañana volvió y se quedó dormido enseguida. Una semana antes de conocerme dejó de hablarse con la chica con la que quería estar: Ruth. Todos sus amigos le decían que estaba conmigo para olvidar a la anterior y a él le jodía que pensaran eso porque no era así. Sus amigos nunca me han dicho nada, pero él me ha contado lo que le decían. Y yo le creí a él: que no estaba conmigo para olvidar a Ruth, sino porque le gustaba estar conmigo. ¿Para qué iba a creer antes a sus amigos que a él?
En un rato me desperté y me moví para cambiar de postura.
- No te muevas así, Ruth.- Me dijo medio dormido aun. Obviamente escuchar que me llamaba Ruth hizo que pensara que lo que decían sus amigos era cierto: me utilizaba para olvidarla. Se dio cuenta de lo que había dicho, pero no me dijo nada.
Yo sólo tenía ganas de irme de allí y no volver a verlo más. Cuando se despertó se dio cuenta de que algo iba mal.
- ¿Sil, qué te pasa?- Nada.
- Estás rayada, algo te pasa...
- No.
- ¿Te quieres ir de aquí?
- No.- No, joder. No me quería ir de allí. No quería que terminara todo.
- ¿Quieres estar conmigo?
- No.- Sí, sí quería.
- ¿Qué? En serio, dime qué pasa. ¿He hecho algo?
- Sí, has terminado dando la razón a tus amigos. Te creí a ti, pero tú solito te has delatado.
Os juro que en la vida he visto a nadie tan mal como a él. Se le escapó ese puto nombre en el peor momento. No quiere a Ruth y no quiere perderme.
Yo tampoco a él. Desde que lo conozco no he tenido un puto mal día, de esos pésimos me refiero. Me gusta estar con él. ¿Soy gilipollas? ¿Me utiliza para olvidar a otra persona y sigo con él? ¿Es así?
Pues sí, soy gilipollas, pero le creo. Él no quiere a Ruth. Además, ya ni se hablan (porque ella no quiere). ¿Por qué mierda le creo? No lo sé ni yo. Pero sé que nunca va a mentirme. Es la sensación que me da (y eso que siempre tiendo a pensar mal y cuando algo empieza a no ir bien o mi paranoica cabeza empieza a sacar conclusiones, corto por lo sano y asunto arreglado).
Necesito su sonrisa para que mi vida no sea tan gris.









