- Éstos jóvenes de hoy en día no tienen respeto a las "canas". (ella misma se llama vieja, después que no se queje si yo se lo digo; simplemente aviso.)
- Ésta no se amedrenta, dice todo tal cual. Va a llegar lejos. Ésta si pasa unos 6 meses más aquí va a tener firmes a los médicos. - dijo la enfermera con la que estoy en cosultas, con la que tengo más trato que con la otra.
Y yo puse mi sonrisa de imbécil y no dije nada. Después me quedé pensando en el tema.

Lo primero, eso del respeto a los mayores está un poco pasadito, ¿no? Respeto en primer lugar hacia todos. Si alguien te da por culo, lo mismo que se va a llevar de vuelta, ya sea una "canas" o no. Al fin y al cabo el respeto no se gana con el número de edad que se lleva en el D.N.I. Así que no: Eso del respeto a las canas ya se lo puede ir metiendo por el ojaldre porque el respeto hay que ganárselo.
Pero lo que me dejó rota fue lo de mi tía. ¿A qué cojones viene eso de que le iba a decir a mi tía cómo era? ¿Qué pasa, que si doy mi opinión aun siendo diferente a la tuya y no lamerte el coño por ser una "canas" ya soy una descarada? Lo primero que decírselo a mi tía o al vecino del quinto va a ser lo mismo. A esa señora le ha caído la gracia o la desgracia de ser mi tía por el simple hecho de que se ha casado con el hermano de mi padre. Lo segundo, sólo nos vemos en algunas fiestas y en navidades, o sea, dos veces al año. Y mi habilidad para escaquearme de las reuniones familiares supera lo perfecto. Así que en conclusión: a esa señora y a mí no nos une nada a parte de que le ha tocado ser mi tía: "Hola muy buenas, un qué tal, y adiós, ya nos veremos".
Me quedé pillada con esa imbécil, en serio. De verla por los pasillos parecía simpática y todo, pero vamos, su intento de "aconojarme" ante mi tía y el fracaso de imponerme sus ideas ha hecho que me caiga fatal. Por esa no daría ni un duro, ¡hay que joderse!









