Todo eran señales: Sil, no vayas a Córdoba. No encontrábamos autobuses que fueran allí. Después de andar mirando vimos que una compañía tenía el trayecto completo directo. Genial. Gaizka llamó al hostal donde siempre se aloja cuando va allí: era el último fin de semana de la feria, así que estaba completo. Y como todo eran pegas decidimos dejarlo para julio como ya teníamos pensado.
Pero me cago en tó, tenía ganas de irme a algún lado, me había hecho a la idea. Esta mañana estuve mirando por internet a ver dónde podíamos ir. Me acordé de un lugar al que fui hace años a visitar unas cuevas y un parque de animales. El lugar era fantástico, o mis recuerdos lo recordaban así. Miré pues algún alojamiento en ese pueblo: vi una casa rural que me gustó, lo comenté con Gaizka y estaba de acuerdo, que nunca había estado allí. A mí la verdad, con tal de ir a algún lado me hubiera dado igual a dónde ir: un fin de semana con él a solas es lo que quiero, con los móviles apagados, nada de interrupciones que estoy hasta los cojones ya (ya lo contaré). Llamé pues a la casa rural para preguntar a ver si tenían una habitación libre para el sábado. Con la mala suerte que tengo seguro que me daba la negativa. Y efectivamente: tenía huéspedes que dejaban tarde la habitación y no le daba tiempo a prepararlos, que no teníamos ninguna libre para el sábado. GENIAL. Ya me di por vencida: desde el comienzo las cosas habían salido mal, todo eran señales de no ir a ningún lado con él. Pues bien, perfecto, si no voy a poder ir a ningún lado me quedaré en casa todo el fin de semana.
Con humo por las orejas comencé a escribirle un sms diciendo que todo apuntaba a que no fuéramos juntos a ningún lado, que pasaba de salir en todo el fin de semana, a tomar por culo todo. Y en eso me vuelve a llamar la señora de la casa rural, que se había equivocado, que los huéspedes se iban hoy y que para mañana teníamos una habitación. GENIAL.
Tengo que decir que estar con Gaizka a solas una tarde entera es imposible. SIEMPRE pasa algo y tengo que esperarlo: viene su padre a meter la chapa del siglo (al igual que Gaizka no calla ni debajo del agua), o le llama su amigo, o viene alguien a echar un cigarro con él, o a jugar a cartas, o a hablar de lo que sea. SIEMPRE. Cuando salimos ya por la calle mejor ni lo cuento: cada dos pasos se junta con algún conocido. Imposible sacarlo a la calle sin que tenga que estar como gilipollas mirando las nubes mientras espero. En serio, conoce a todo el mundo. Lo odio. ¡Odio que no me dejen estar con él en paz!
Así que ya que es seguro que mañana por la mañana nos vamos a ir para todo el fin de semana puedo respirar aliviada. Lo primero: apagar el móvil. Más que nada él, a mí no me llama nadie. Y después a pasar un fin de semana genial (espero). Porque una de dos: o va a ser muy buena, o va a ser tan mala que el resultado será no volverlo a ver jamás. Estupideces que me rondan a veces, a ver si algún día lo escribo y ordeno ideas. Algunas situaciones con él me hacen sentir tan mal que a veces pienso que él no es para mí.
No quiero pensar. Sólo quiero irme ya.
Pero me cago en tó, tenía ganas de irme a algún lado, me había hecho a la idea. Esta mañana estuve mirando por internet a ver dónde podíamos ir. Me acordé de un lugar al que fui hace años a visitar unas cuevas y un parque de animales. El lugar era fantástico, o mis recuerdos lo recordaban así. Miré pues algún alojamiento en ese pueblo: vi una casa rural que me gustó, lo comenté con Gaizka y estaba de acuerdo, que nunca había estado allí. A mí la verdad, con tal de ir a algún lado me hubiera dado igual a dónde ir: un fin de semana con él a solas es lo que quiero, con los móviles apagados, nada de interrupciones que estoy hasta los cojones ya (ya lo contaré). Llamé pues a la casa rural para preguntar a ver si tenían una habitación libre para el sábado. Con la mala suerte que tengo seguro que me daba la negativa. Y efectivamente: tenía huéspedes que dejaban tarde la habitación y no le daba tiempo a prepararlos, que no teníamos ninguna libre para el sábado. GENIAL. Ya me di por vencida: desde el comienzo las cosas habían salido mal, todo eran señales de no ir a ningún lado con él. Pues bien, perfecto, si no voy a poder ir a ningún lado me quedaré en casa todo el fin de semana.
Con humo por las orejas comencé a escribirle un sms diciendo que todo apuntaba a que no fuéramos juntos a ningún lado, que pasaba de salir en todo el fin de semana, a tomar por culo todo. Y en eso me vuelve a llamar la señora de la casa rural, que se había equivocado, que los huéspedes se iban hoy y que para mañana teníamos una habitación. GENIAL.
Tengo que decir que estar con Gaizka a solas una tarde entera es imposible. SIEMPRE pasa algo y tengo que esperarlo: viene su padre a meter la chapa del siglo (al igual que Gaizka no calla ni debajo del agua), o le llama su amigo, o viene alguien a echar un cigarro con él, o a jugar a cartas, o a hablar de lo que sea. SIEMPRE. Cuando salimos ya por la calle mejor ni lo cuento: cada dos pasos se junta con algún conocido. Imposible sacarlo a la calle sin que tenga que estar como gilipollas mirando las nubes mientras espero. En serio, conoce a todo el mundo. Lo odio. ¡Odio que no me dejen estar con él en paz!
Así que ya que es seguro que mañana por la mañana nos vamos a ir para todo el fin de semana puedo respirar aliviada. Lo primero: apagar el móvil. Más que nada él, a mí no me llama nadie. Y después a pasar un fin de semana genial (espero). Porque una de dos: o va a ser muy buena, o va a ser tan mala que el resultado será no volverlo a ver jamás. Estupideces que me rondan a veces, a ver si algún día lo escribo y ordeno ideas. Algunas situaciones con él me hacen sentir tan mal que a veces pienso que él no es para mí.
No quiero pensar. Sólo quiero irme ya.









